Consultoría digital
Antes de digitalizar nada, saber qué tocar primero.
Hojas de cálculo, papel, correos y una cabeza que lo sostiene todo. Cuando todo se puede mejorar a la vez, lo difícil no es hacerlo: es decidir por dónde se empieza sin tirar medio año.
Puede que te suene
No es que falte gente. Es que todo pasa por una cabeza.
- Para cerrar el mes hay que cruzar a mano hojas, correos y lo que alguien recuerda.
- Saber cómo va el negocio cuesta una tarde entera de cuadrar números.
- Si te vas una semana, hay decisiones que se quedan esperando a que vuelvas.
- Cada persona que entra nueva se lleva semanas aprendiendo de viva voz cómo se hace todo.
- Todo el mundo te dice que digitalices, y cada uno te señala una cosa distinta.
Nada de esto se arregla comprando un programa. Se arregla decidiendo, con los números delante, qué se toca primero y qué puede esperar.
Cómo lo miro
Digitalizar no es comprar programas.
La forma habitual de digitalizar una empresa es comprar una herramienta por cada problema que aparece. Al cabo de dos años hay siete, ninguna se habla con la otra, y el trabajo de unirlas lo sigue haciendo una persona.
Lo primero que miro no son las herramientas: es por dónde pasa la información de tu empresa, dónde se para y qué decisiones dependen de que alguien la busque. Casi siempre el cuello de botella no es el programa que falta, sino el paso que nadie ha puesto por escrito todavía.
De ahí sale lo único que te llevas: un orden. Qué se toca primero porque te está costando dinero hoy, qué va después porque depende de lo anterior, y qué no merece la pena tocar todavía. Con eso ya puedes decidir tú, aunque lo monte otro.
Primero se entiende. Después se monta.
Lo que se mira
Esto es lo que se pone encima de la mesa.
Por dónde entra el trabajo
Qué pasa desde que llega un encargo hasta que se cobra, escrito por fin en algún sitio.
iiDónde vive cada dato
Qué información tienes, quién la tiene y cuántas veces se vuelve a teclear.
iiiLas decisiones que te esperan
Lo que hoy no avanza hasta que tú lo miras, y cuánto cuesta esa espera.
ivQué compensa tocar primero
Lo que más tiempo se lleva, frente a lo que menos cuesta cambiar.
Qué cambia
Dejas de decidir por intuición.
Antes, cada mejora compite con todas las demás y gana la que más ruido hace esa semana. Después hay un orden escrito: sabes qué estás tocando, por qué va primero, y lo que no toca todavía deja de ocupar sitio en tu cabeza. Lo de abajo no es una promesa: es mi propia operación corriendo así, medida el 23 de septiembre de 2026.
- 474 tareas registradas por el sistema en un mes
- 9 min de mediana para cerrar cada una
- 79% cerradas en menos de media hora
Por dónde empezar · 1 de 2
Si lo que necesitas es un orden.
Mirar tu empresa por dentro antes de mover nada: qué entra, dónde se para y cuánto te cuesta cada parada. De ahí sale el orden, con los números delante y no con mi opinión.
- Lo que más tiempo se lleva, con el número delante
- Lo que puedes quitar de en medio este mismo mes
- Lo que conviene dejar quieto hasta más adelante
Por dónde empezar · 2 de 2
Si ya sabes qué te falta.
Cuando el orden ya está claro, lo que viene son trabajos que se entregan hechos o una ruta que avanza mes a mes. Las tres formas de entrar están explicadas en la portada y no las repito aquí.
- Se entrega funcionando, con la formación incluida
- Cada mes cierra un resultado, no unas horas
- La ruta se replantea cuando cambia tu objetivo
Preguntas frecuentes
Lo que me preguntan antes de sentarnos.
¿Qué me llevo exactamente?
Un orden: qué se toca primero, qué va después y qué no compensa tocar todavía, cada cosa con su motivo y con lo que te cuesta hoy no hacerlo. No es un documento para archivar: es la lista por la que se decide lo siguiente, la monte yo o la monte otro.
¿Hace falta tener algo digitalizado ya?
No. El punto de partida más común es papel, hojas de cálculo y correo, y eso no es un problema: es información que ya existe y que hoy no está en ningún sitio donde puedas mirarla de golpe.
¿Tengo que cambiar los programas que ya uso?
Casi nunca. Lo normal es que se queden y que lo que falte se monte alrededor. Cambiar de programa es un proyecto en sí mismo, y solo te lo propongo cuando el programa es el problema, no cuando me viene bien a mí.
¿Hay que parar el trabajo mientras tanto?
No. Todo se mira sobre lo que ya está pasando, y lo que se cambia se cambia de uno en uno, para que si algo no encaja se note enseguida y no dentro de seis meses.
¿En qué se diferencia esto de automatizar tareas?
En el momento. Automatizar es quitar de en medio un trabajo que ya sabes cuál es. Esto es el paso de antes: decidir cuál. Si tú ya lo tienes claro, te ahorras este paso y vas directo a la página de inteligencia artificial y automatización.
¿Y si al final resulta que no hay nada que tocar?
Pasa, y te lo digo. Si lo que tienes montado aguanta lo que haces hoy, lo que corresponde es no gastarse el dinero y volver a mirarlo cuando crezcas.
La puerta
Cuéntame qué pasa por tu mesa.
Media hora, sin compromiso y sin presentación comercial. Me cuentas cómo funciona tu empresa hoy y te digo qué tocaría yo primero, aunque no lo monte yo.
Reservar una llamada →