¿Sabías que aproximadamente el 87% de las personas a nivel mundial no se siente comprometido con su trabajo?
Y lo peor es que esta cifra aumenta cuando hablamos de personas de más de 35 años que han entregado sus vidas a trabajos y proyectos que no les apasionan. ¿Te suena familiar?
En mi caso, 20 años de búsqueda constante, esfuerzos fallidos, desapego de seres queridos, y una personalidad que parecía más una maldición.
Puede que te sientas identificado con parte de mi historia:
Mi carrera profesional siempre ha estado entrelazada con la tecnología. Hace 20 años me volqué en el desarrollo web porque vi en él un terreno nuevo y fértil para la creatividad y la experimentación. Pero, mi verdadera fuente inagotable de energía, siempre ha sido la naturaleza. Me basta con la serenidad de estar al aire libre, el susurro del viento, el crujir de los árboles, el aroma de la tierra húmeda… En particular, las tierras de mis abuelos y algunos rincones de Extremadura y Madrid.
Hace más de dos décadas, siendo un joven de 19 años aún sin oficio ni beneficio, encontré un folleto de una formación en desarrollo web, una oportunidad de ser creativo y ganarme la vida con algo que me gustaba. Así fue como inicié mi aventura en el mundo de las páginas web y cómo me convertí en desarrollador.
Pero el mundo de internet, empezó a crecer desmesuradamente. A lo largo del camino, he emprendido innumerables proyectos, aprendiendo sobre la gestión de negocios web, programación, bases de datos, me sumergí en el vasto océano del comercio electrónico y del marketing. Incluso llegué a salir de la tecnología y explorar la permacultura, la agricultura natural y la bioconstrucción en busca de un negocio que me hiciera sentir realizado.
A pesar de mi pasión por la aventura, la innovación y el emprendimiento, ninguno de los proyectos que había puesto en marcha logró despegar, algunos requerían un sacrificio demasiado grande, en otros, las rutinas y procesos se alejaban mucho de mi estilo de vida ideal. Esto me hacía volver a empezar una y otra vez y compaginar mi tiempo con trabajos por cuenta ajena por los que prostituía mi tiempo y mis conocimientos.
Me sentía perdido, con una ansiedad y una insatisfacción laboral que siempre estaban presentes. Esto no ayudaba a sacar mi mejor versión para conmigo y mi gente, mi relación sentimental se estaba desvaneciendo poco a poco y, en un último intento de solucionar las cosas me mudé solo a una pequeña casa de campo en las afueras de la ciudad. A punto de cumplir 40, estaba en una encrucijada existencial, preguntándome que estaba haciendo y hacia dónde quería dirigir mi vida.
Decidí entonces embarcarme en un viaje de introspección, en un proceso de autoconocimiento y meditación que me llevó de vuelta a mi infancia. Recordé cómo solía organizar grupos de música y clubes sin realmente comprender su importancia, lo que me permitió darme cuenta de que siempre he tenido un espíritu emprendedor innato. Recordé los extensos monólogos en soledad sobre los temas que me apasionaban y entendí que mi misión pasaba por ayudar a los demás. Reconocí que mi personalidad multipotencial me había otorgado las habilidades y el conocimiento necesarios para ayudar a otros a construir sus negocios en línea, basándome en mis 20 años de experiencia y formación en el sector digital.
Así, después de 2 décadas de incertidumbre, encontré finalmente mi Ikigai. Fue en ese momento que empecé a formarme como mentor y coach y, específicamente, en cómo ayudarte a encontrar tu propósito y diseñar un negocio que se adapte a ti y no al revés.
Hoy, mi objetivo es que tú también encuentres el tuyo y que no necesites esperar 20 años como hice yo. Quiero mostrarte como vivir de tu propósito y hacerlo en armonía contigo mismo, con los demás y con el planeta.